viernes, 21 de junio de 2013

Miami Heat campeón de la NBA 2013


Miami Heat es campeón de la NBA en este año 2013. Lo es ya de manera oficial y lo es tras una final dura a 7 partidos contra todo un San Antonio Spurs y una de las más bellas que se recuerdan por lo tremendamente igualado. Ya habrá tiempo de expresar opiniones e ideas, pero primero quiero cerrar con esta línea de análisis durante todos estos playoff. El equipo de Florida ha conseguido el único objetivo posible y para el que fue creado: conseguir el anillo mientras tengan un bloque que permanezca intacto. Pero en ese camino que han tenido que recorrer se han encontrado con dos rivales, en el último tramo de la calzada, que más les podía complicar (y, curiosamente, los únicos que les han podido llevar hasta un Game 7). Puede que este anillo de Miami Heat sea el más meritorio de los 3 que tenga la franquicia.

Miami Heat llegó a estas Finales afrontando una prueba más complicada que el año pasado. No hay duda de que la pasada temporada sorprendió a todos el dolorosísimo 4-1 que le endosaron los de Spoelstra a Oklahoma City Thunder, un equipo con una estrella absoluta, un equipo eminentemente físico y que había llegado con unas fantásticas sensaciones. Miami Heat y LeBron James no titubearon y se llevaron el anillo de campeón. Para el de Akron, además, era el primero. Pero estos Miami Heat, esta franquicia construida exclusivamente para el éxito, necesitaba algo más. Como si estuviera viendo lo que iba a necesitar este año, incorporó para esta temporada a Ray Allen entre sus filas. Un jugador que lleva en su ADN el gen de las Finales y la palabra "decisivo" tatuada a fuego por debajo de su piel. Pero Miami necesitaba algo más que refuerzos, y era ver hasta dónde era capaz su plantilla de llegar, en esfuerzo y no refuerzos, en una eliminatoria grande. Este año lo tuvo por partida doble. Primero en la Conferencia Este, contra Indiana Pacers. Luego en la prueba de fuego definitiva, contra San Antonio Spurs.

Ambos rivales consiguieron, a su manera, hacer dudar a Miami Heat de si iba a ser capaz de conseguir el anillo. Incluso ponerlos seriamente contra las cuerdas. Unos, Indiana Pacers, durante un partido clave de diferencia. Otros, San Antonio Spurs, incluso, durante 24 segundos (una posesión) en el Game 6. Estos Miami Heat demostraron que no son un equipo absolutamente engrasado que haga el baloncesto de salón envidiable. Tienen sus carencias y su particular termómetro de medición (LeBron&Wade). De hecho, como perfecta definición de la palabra "equipo", Miami está muy lejos en concepto de Indiana Pacers (George, Hill, West, Hibbert) y muchísimo más de San Antonio Spurs (Duncan, Parker, Ginobili, Leonard, Green, Splitter, Diaw, Neal). El problema para ambos ha sido que Miami Heat tiene las mejores individualidades. Sin embargo han llegado a poner en serias dudas el reinado para el que fueron concebidos los de Spoelstra. Y lo hicieron con movimiento de balón en el perímetro (Spurs), machacando el punto más débil del rival (Pacers con Roy Hibbert), buscando un antiLeBron (George en el caso de Pacers, Leonard en el caso de Spurs). Si los dos equipos los llevaron al séptimo partido fue por algo.

La principal carencia de Miami Heat es su mejor virtud: Son las mejores individualidades de la liga mezcladas en un equipo. No juegan como tal pero sí aparecen, uno por uno indistintamente y debido a su calidad, en los momentos clave como un único jugador que desatasca un partido. Miami no tiene ni de lejos la defensa coral de Pacers ni el ataque fluido de Spurs. Pero sus individualidades están a años luz de las de Brooklyn Nets, por poner un ejemplo. Lo que sí que tiene Miami Heat es al mejor jugador de la NBA (LeBron James), al más eléctrico cuando asume su papel de estrella  y está acertado (Dwyane Wade), a tiradores creados exclusivamente para los clutch time en unas Finales (Ray Allen, Shane Battier, Mike Miller), a alguien que haga las veces de diablo con el trabajo más sucio (Chris Bosh, Chris Andersen), a jugadores que no desentonen con el nivel para la causa (Mario Chalmers, Udonis Haslem). Estos jugadores rara vez han afrontado un partido importante jugando, literalmente, como un equipo coral. Pero lo que es innegable es que han aparecido, como jugadores, en momentos clave de los Playoff e indistintamente, para, si no ganar un partido, dejarlo muy encarrilado. Anotando canastas clave, asumiendo su rol momentáneo de héroe desatascador. De hecho, se ve este aspecto hasta en su defensa. Aboga más por ser física e individual que por táctica y colectiva. Más por los 2 para 1 que por mantener un bloque que cierre la zona. Sin embargo todo esto se resume en algo simple. Eso sí. Es de elogiar que Miami, equipo creado para jugar al contraataque, haya sabido adaptarse a las necesidades y a las exigencias que le ha creado el rival. Seguramente ni el 20% de sus victorias en Regular Season haya sido como las conseguidas, por forma y por juego, en las Finales del Este y de la NBA contra Pacers y Spurs respectivamente. Eso habla muy bien precisamente de ese asunto. Sus individualidades tienen tanto nivel y tanta calidad que hacen que, si aparecen, todas juntas ganen un anillo.

Es muy complicado quedarse con un solo momento de estas Finales. Quizá la imagen más significativa, por todo lo que conllevó, fuera el triple de Ray Allen. Durante ese lanzamiento el mundo entero se paró. Un triple que al final significó mucho más que una prórroga en un Game 6. Pero es que ha habido muchos y de todos. El rebote y la propia asistencia de Chris Bosh para el susodicho triple, la canasta decisiva de Tony Parker en el Game 1, el triple sin zapatilla de un emergente en Finales Mike Miller, las lecciones maestras de Popovich desde el banco, el liderazgo de LeBron James activándose él mismo y a sus compañeros (con y sin cinta de la cabeza), el récord desde el triple de Danny Green, Spoelstra pidiendo paciencia a sus hombres porque el momento llegaría, el resurgir de Manu Ginóbili en el Game 5, los triples de Battier en el partido más decisivo del año, las canastas imposibles desde la pintura de Tim Duncan, las acciones físicas de Dwyane Wade tirándose al suelo, la admiración de la futura estrella por todo lo que será Kawhi Leonard, los tiros desde el lateral de Udonis Haslem, los momentos de Gary Neal con los triples a tabla, las rachas anotadoras de Mario Chalmers... imposible decidir un solo momento de estas Finales. Mejor apreciar estos y otros detalles. Como la celebración de LeBron James con respecto al año anterior. Más pausada, sin el sentir de esa losa del anillo que le podría perseguir en su carrera. De la cara de Tim Duncan tras fallar ese palmeo, una acción que no empaña ni su nivel, ni lo que ha hecho ni lo que es: el mejor 4 en la historia de la NBA. De la alegría de Dwyane Wade, absolutamente vital en todos los anillos que ha conseguido Miami Heat y pidiendo en rueda de prensa que le llamaran "Three". De Manu Ginóbili, consciente de su irregularidad y de lo mucho que ha repercutido en el resultado final de la eliminatoria. Incluso de Eric Spoelstra, joven pero demostrando una entereza brutal asumiendo el valor que tenían estos Spurs y asumiendo su propio valor de haber llevado al equipo a la gloria. Pat Riley tiene lo que buscó.

Pero no quiero acabar sin hacer una mención especial. Pese a que en los días posteriores San Antonio Spurs va a recibir por mi parte su justo espacio, no hay que olvidarse tampoco aquí de la franquicia tejana. Una dinastía que pudo haber ampliado su legado a 5 anillos. Un equipo que había ganado todas las Finales a las que llegó con un matrimonio bandera en común: Tim Duncan y Gregg Popovich. Un EQUIPO (espero que se me permita la licencia de poner las mayúsculas aquí) que ha demostrado al mundo que su baloncesto ha sido de salón, de manual, de goce, de disfrute, de cubo debajo de la boca para recoger la saliva, de pizarra, de avasallamiento, de abuso, de impotencia rival, de fe, de lucha, de admiración, de grandeza, de valentía, de récord, de historia, de recuerdo, de gratitud y de quitarse el sombrero. Una plantilla que fueron poseídos por ángeles a la hora de mover la pelota, que fueron tocados por una varita a la hora de plantar espectáculos baloncestísticos de alto calibre. Un absoluto conjunto de jugadores que se ha quedado con la miel en los labios. Si de verdad amamos el baloncesto, admiremos a San Antonio Spurs, por favor. Han compuesto una oda a nuestro bien más preciado difícilmente repetible por situación, juego y espíritu. Nadie les invitó a la fiesta a principio de temporada y a punto han estado de convertirse en los reyes del baile.







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